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  • Fascinante

Puedes irte de la India pero la India no se irá de ti

Redacción

¿Primera vez en India? Preguntó el conductor que me recogió en el aeropuerto de Delhi. Le respondí que sí, pese a todo mi escepticismo acerca de viajar a India, ahí me encontraba sin saber que India sería un viaje inolvidable y que el tópico del antes y el después se cumpliría. Quería entender qué tiene este país para que transforme a la gente y tenía 15 días por delante para descubrirlo.

No lo negaré, el primer contacto fue impactante, incluso se me llegó a pasar por la cabeza el “ya sabía yo que India no era para mí”, pero tan solo bastaron unas horas en el caos de Delhi para empezarlo a disfrutar. Delhi es un hervidero donde los semáforos son de adorno y la locura se apodera de sus calles repletas de tuc tucs y coloridos mercados.

Tras visitar la parte más cultural de la ciudad como el Fuerte Rojo (emblema de la hegemonía mongola) y la Mezquita de Jama Masjid, la más grande en todo el país y el último deseo del mismo emperador que decidió construir el Taj Mahal, me dirigí al Gurdwara Bangla Sahib, el principal templo Sij de la ciudad.

Y es que, callejeando por la ciudad se ven muchísimos hombres con turbante, los Sijs. Se trata de una de las comunidades más grandes del país y me intrigaba qué hay detrás de esta comunidad. El templo es un importante lugar de peregrinaje ya que cuenta con una copia del libro sagrado. Lo que más me impresionó es que diariamente los fieles se concentran en el templo para comer, y es que todos los templos Sij cuentan con cocina comunitaria en la que se sirve un thali compuesto de un guiso de lentejas con patatas. ¡Me faltó tiempo para remangarme la camisa y participar!

Se dice que la ciudad de Johdpur es azul porque es el color de Shiva, el dios hindú de la destrucción y la renovación del universo

Descubriendo Jodhpur

Otro de los aspectos que me fascinó de Delhi es que las ruinas, tuk tuks y monumentos con una historia fascinante conviven cara a cara con la nueva sociedad hindú, moderna y vanguardista que levanta su mirada hacia un futuro prometedor, pero sin olvidar el pasado de su país.

Dejé Delhi atrás para seguir hacia Jodhpur. A tan solo dos horas de Jaipur y a la sombra del mítico castillo de Mehrangarh, esta ciudad de callejuelas repletas de templos es un paraíso para viajeros de verdad.

Jodhpur es una de las ciudades más conocidas del Rajastán pero fue sin duda el gran descubrimiento del viaje. Y es que, con tan solo poner un pie en esta ciudad, me sentí embriagada por la calidez de sus gentes y el intenso azul que la decora y la hace única. No es de extrañar que este catalogada como una de las ciudades azules más bonitas del mundo. 

El hotel RAAS Jodhpur, absolutamente moderno por dentro y con un diseño exterior de arquitectura haveli, es sin duda un tesoro por descubrir, un precioso hotel boutique, elegante en su decoración y diseño pero que a la vez combina a la perfección con la ciudad amurallada de la ciudad donde casi se encuentra camuflado. Actúa como un auténtico oasis dentro del caos de la ciudad. El lugar perfecto para desconectar es la maravillosa piscina central que funciona como refugio idóneo para el sol ardiente.

Por la noche, nada más especial que disfrutar de las vistas después de un intenso día, y es que la mayoría de las habitaciones cuentan con unas vistas panorámicas de la fortaleza iluminada. La famosa expresión “sense of place” cobra sentido en este mágico lugar cuando desde cualquier punto de la ciudad, sientes los valores más tradicionales de la cultura hindú

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Vista de la ciudad de Jodhpur, la segunda ciudad más grande del estado de Rajastán

Tras un par de días en Jodhpur, y sumando kilómetros a través del paisaje de la estepa Rajastaní, continúe el viaje hacia Bisalupur y es que India no son solo templos y ciudades vibrantes. En un recóndito paisaje de formaciones de granito y bancos de arena se encuentran las diez tiendas bajo el sol rojizo de Sujan Jawai.

Se trata de un proyecto de la Sujan Luxury, en la que se puede vivir de la manera más respetuosa con el medio ambiente, como los últimos nómadas del país que llevan siglos recorriendo el lugar. Tiendas de tela, con acero inoxidable, detalles en cuero y cuidadosamente decoradas para tener una auténtica experiencia de glamping y mezclarnos con los leopardos, flamencos rosas y cocodrilos que viven en el área con total libertad.

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El campamento de Jawai parece salido de una película de África
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Los leopardos viven en libertad en la estepa rajastaní

Siguiendo con los contrastes, abandoné los leopardos para continuar hacia la penúltima parada de mi viaje, la ciudad sagrada de Varanasi.

Es imposible que Varanasi te deje indiferente y no llevarlo al terreno más íntimo y personal. Definiría Varanasi como intentar explicar lo inexplicable, por lo que me resulta complicado reflejar lo que significó esta ciudad. Supongo que debe ser porque las emociones no se pueden explicar con palabras. Varanasi es la meca del hinduismo y por consecuencia la ciudad más espiritual del país.

Lo más impactante de aquí es el acercamiento a la muerte y una forma diferente de celebrarla o concebirla. La muerte vivida de cerca como nunca antes, la fina línea que separa la vida de la muerte y la máxima expresión de unas creencias religiosas y sociales tan diferentes a las occidentales. De alguna manera, mis prejuicios o mi coraza autoimpuesta impidieron que Varanasi me dañara, pero no que me impactara y sanara a partes iguales.

Varanasi es la meca del hinduismo y por consecuencia la ciudad más espiritual del país. Bañada por el río sagrado Ganges, acuden peregrinos de todo el país para realizar rituales y ceremonias religiosas

Ya me acercaba al final del viaje, por lo que ya había experimentado India en todo su esplendor, pero Varanasi es diferente, está cubierto de misticismo y una energía especial. 

Levantarme de noche para acudir a ver amanecer desde el Ganges para contemplar las ceremonias de purificación de niños y mayores o vivir la ceremonia Aarti en primera persona, son experiencia que de bien seguro han marcado un antes y un después en mi historial de vivencias.

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Ritual religioso a orilla del río Ganges, en la ciudad de Varanasi

El turbante clásico de Rajastán es una tela de entre 3,5 y 6 metros de longitud. Enrollada sirve como cuerda, plegada como manta y enroscada como protección del sol e incluso de base para llevar objetos de peso sobre la cabeza. Sus vivos colores varían en función del área geográfica o de la ocasión.

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Hombre ataviado con el turbante clásico de Rajastán

Aunque pueda sonar a un viaje típico, ningún viaje a la India estaría completo sin la visita del Taj Mahal. Una de las Maravillas del Mundo y sin duda la joya de la corona, su cúpula blanca es inconfundible. 

Reconozco que mi actitud un poco escéptica respecto a los lugares más turísticos alrededor del mundo y que más expectativas crean a los viajeros, desapareció por completo en este caso en el momento en el que pasé el primer arco y LO VI: el Taj Mahal asomándose tras los primeros rayos de sol reflejado en las fuentes de sus cuidadísimos jardines.

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Un viaje a la India estaría incompleto sin una visita al Taj Mahal

La imagen corta la respiración incluso al viajero más experimentado. Pese a no poder parar de fotografiarlo, intenté con todas mis fuerzas concentrarme en guardar en mi mente ésa imagen para poder revivirla siempre que piense en India. Me atrevería a decir que dentro de unos años cuando recuerde mi primer viaje a India, seguiré recordando ese instante.

Pureza y belleza son los adjetivos que están detrás de esta maravilla de la arquitectura mogol levantada junto al río Yamuna. ¡Y pensar que es el fruto de una historia de amor entre el emperador Shah Janah y su esposa favorita, Arjumand Bano Begum!

Sonará a tópico, pero a India, o la amas o la odias. Te reta y jamás te deja olvidar que estás en India; a través de un olor, una mirada, un sentimiento o todo al mismo tiempo.

Me bastaron 17 días para darme cuenta de que India son extremos, las comidas dulces serán muy dulces, las picantes te harán llorar y como dice el dicho, “puedes irte de la India pero la India nunca se irá de ti”.

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