El origen de Elefant Travel
Dicen que para que una experiencia sea memorable y produzca un cambio en tu vida ha de ocurrir fuera de tu zona de seguridad. Después de haber visto innumerables documentales, películas y fotografías en las redes sociales todos tenemos una imagen de cómo es un safari en África. Si nos preguntasen cómo sería vivir uno de ellos seguramente tendríamos una respuesta, incluso bastante rica en detalles.
He viajado en múltiples ocasiones por África, pero hay un viaje que recordaré para siempre: Namibia. En 2004, le propuse a cinco amigos vivir esta experiencia juntos, pero de una forma diferente. Hoy nos meteríamos en Google o en Chat GPT, leeríamos unas cuantas opiniones de otros viajeros, mandaríamos un par de correos electrónicos y buscaríamos fotos en nuestras redes sociales para inspirarnos, sin movernos de casa. En la preparación de este viaje empezaban las primeras páginas web- con un email y algunas fotos en mala resolución- y la transmisión de datos era a través del cable del teléfono con velocidades muy lejanas a la fibra óptica.
Con estos recursos me puse en contacto con un antiguo soldado sudafricano que había participado en la guerra contra Angola y vivía en ese momento en Windhoek, la capital de Namibia. Este país fue colonia alemana hasta el final de la Primera Guerra Mundial y no se independizó de Sudáfrica hasta 1990. Mi contacto había comprado un camión militar alemán de la Segunda Guerra Mundial encontrado en algún rincón de África. Era un modelo de la marca Magirus Deutz, había sido adaptado para realizar travesías de larga duración y contaba con un equipo de generación de energía que nos permitió tener comida refrigerada durante todo el viaje, entre otras cosas.
El viaje duró dos semanas recorriendo Namibia fuera de ruta. Contabamos con la ayuda de un camp hand que hacía el trabajo más importante del viaje: organizar el campamento, encender el fuego todas las noches, ocuparse de todas las comidas con un nivel sorprendente de elaboración culinaria y asegurar el agua potable.
Acabábamos de dejar atrás las pinturas rupestres de Twyfelfontein y nos adentrábamos en Damaraland, uno de los paisajes más impresionantes que haya visto en todos mis viajes. Esta región está flanqueada al oeste por el desierto del Namib y al este por el del Kalahari. Sus grandes planicies y formaciones geológicas parecían ser de otro planeta. Si tuviese que definir el concepto de remoto, usaría sin duda, Damaraland como ejemplo.
Esta tierra entre dos desiertos es el lugar ideal para que diferentes especies de animales puedan sobrevivir. Entre ellas, el elefante del desierto, perfectamente adaptado al duro clima de la zona. Hoy en día se estima que en esta área habitan unos 600 individuos protegidos por las leyes de conservación del país. Mientras nos adentrábamos en estos paisajes duros e inhóspitos, pero de una belleza que difícilmente se podría describir, nuestro querido camión empezó a fallar. Lo vintage pasa factura, y ahí nos quedamos.
En mitad de ninguna parte, con un motor que había decidido no andar más. Para mayor aventura, no podíamos usar la radio porque no funcionaba. Decidimos no instalar el campamento, porque habíamos visto unas huellas de hiena por la zona, y preferimos hacer noche dentro del camión. Por la mañana, comunicaríamos a través de la radio nuestra posición y un granjero cercano respondió diciendo que llegaría en un par de días. Y cuando digo que estabamos en un lugar remoto es porque era remoto de verdad.
Magirus fue una marca de camiones fundada en 1824. En su día se convirtió en sinónimo de robustez aunque, afortunadamente para nuestra historia, dio el fallo mecánico que permitió nuestro encuentro con el elefante
Sabíamos que correr no era una buena opción
Mientras esperábamos, nuestro ranger nos propuso salir a hacer un safari a pie para ver si encontrábamos algún elefante. Comenzamos siguiendo el lecho de un río torrencial, que en ese momento estaba seco. Unas cortezas de árbol arrancadas, unas ramas rotas… por ahí parecía haber pasado un elefante. Continuamos por el cauce, vimos excrementos recientes y siguiendo la pista- a la sombra, bajo unos árboles- se encontraba un paquidermo.
Recuerdo que me llamó la atención el fuerte latir de mi corazón en aquel paraje tan silencioso y lleno de paz. A pesar de guardar una prudente distancia —de unos 300 metros—, el elefante levantó su trompa para sentir mi olor y movió la cabeza de lado a lado agitando sus orejas. ¿Amigos o enemigos? Parecía preguntar. Nuestro ranger nos ordenó en voz calmada dar unos pasos atrás y poner una rodilla en tierra en señal de sumisión. Sentía los latidos en las sienes cada vez más fuertes. Sin dar ninguna señal de aviso, el elefante comenzó a agitar la cabeza echando pequeñas carreras hacia nosotros. Unos pocos pasos para, inmediatamente retroceder, una y otra vez. Dimos más zancadas hacia atrás sintiendo unas irresistibles ganas de salir corriendo, a la vez que deseábamos seguir viviendo la emoción. Sabíamos que correr no era una buena opción, pues es una señal que nos otorgaba automáticamente el papel de presa o víctima y al animal el papel de cazador.
Mientras tanto, seguiremos como equipo buscando ese elefante en todo lo que hagamos para que esté presente en todos vuestros viajes por todo el mundo.
El elefante levantó su trompa para sentir su olor y movió la cabeza de lado a lado agitando sus orejas. ¿Amigos o enemigos?, parecía preguntar.
La máxima en África es "you run, you die" (si corres, mueres). Después de dar más pasos hacia atrás, pausadamente y plantando las rodillas en la tierra, el elefante se dio la vuelta y siguió mordisqueando las hojas del árbol donde lo encontramos, como si nos hubiese dado permiso para acompañarle a una distancia de seguridad ya bien marcada, dejando claro que se había comunicado con nosotros perfectamente. Al calor de una hoguera esa noche, bajo un cielo donde no cabían más estrellas y después de la emoción de la experiencia con el elefante, empecé a entender que en mi vida faltaba algo.
Llevaba años trabajando en el mundo del marketing en diferentes multinacionales y era un trabajo que me gustaba —bien pagado, dinámico e interesante— pero mi pasión por viajar y ese elefante me empujaron a dar un paso que cambió, sin duda, mi existencia para siempre. Dejé mi trabajo, fijo y seguro, para dedicarme a organizar viajes a medida basados en vivencias únicas y especiales como la que acababa de vivir.
- Los Himba son una tribu semi nómada ganadera cuyo jefe es además su líder espiritual —
- Esta tribu ha conseguido mantenerse aislada de las influencias culturales externas —
- Los Oryx se pueden encontrar en manadas en el desierto de Namibia —
- Las enormes formaciones rocosas de Twijvelfontein albergan misteriosas pinturas rupestres de hace miles de años
Así nació Elefant Travel con la misión de diseñar viajes de lujo totalmente a la medida de las personas y disfrutar de experiencias por todo el mundo. Desde entonces, llevo más de veinte años recorriendo más de 80 países, siempre con la misma filosofía. He tenido encuentros sobre los que podría escribir varios libros y que comparto con nuestros clientes continuamente. Todo empezó con una pequeña oficina en Madrid y hoy Elefant Travel está también en Barcelona y Medellín con un equipo de once personas dedicadas a recorrer el planeta para diseñar los viajes más especiales para nuestros clientes.