Patagonia Argentina
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Patagonia: El territorio que hubo que inventar

Escrito por: Gonzalo Gimeno

La Patagonia parece hecha para alimentar mitos. Montañas que emergen detrás de la estepa, campos de hielo, carreteras que avanzan durante horas y un viento capaz de alterar cualquier plan. Durante siglos, esa escala alimentó la idea de un territorio vacío, situado en los márgenes del mundo conocido.

Pero bajo el mito del confín hay muchas Patagonias superpuestas. La de los pueblos originarios que recorrían sus rutas mucho antes de que existieran las fronteras; la de navegantes y cartógrafos europeos; la de los colonos galeses, los científicos, los ganaderos y los empresarios que intentaron convertir la distancia en una oportunidad.

También está la Patagonia contemporánea, donde antiguos asentamientos se transforman en alojamientos, los glaciares revelan los efectos de un clima cambiante y viajar con comodidad no impide que el territorio siga imponiendo su propia escala. Cada época ha encontrado allí algo distinto y, de alguna manera, ha inventado su propia Patagonia.

La montaña que humea

Al amanecer, desde un domo oculto en el bosque, el Fitz Roy parece casi tangible. Hay una estufa encendida y café caliente; fuera, el viento desmiente la comodidad. El lujo consiste en mirar sin prisa cómo una nube se engancha al granito.

Los aónikenk llamaron Chaltén, “montaña que humea”, a esa cima. Francisco Pascasio Moreno la rebautizó Fitz Roy en 1877. A sus pies, el danés Andreas Madsen levantó una estancia. Cerca de allí, Argentina y Chile tardaron décadas en decidir dónde acababa cada país.

La escena contiene buena parte de la seducción patagónica: belleza y disputa, hospitalidad y desamparo, nombres que nunca terminan de poseer lo nombrado. Hoy se llega por carretera y se duerme entre sábanas impecables; aun así, el paisaje desordena la escala.

La Patagonia es un territorio habitado, conquistado, explotado y protegido. Parece el fin del mundo, pero guarda buena parte de la historia moderna.

“Belleza y disputa, hospitalidad y desamparo, nombres que nunca terminan de poseer lo nombrado.”
Susan Flynn. Patagonia. Fitz Roy.
El macizo del Fitz Roy domina el entorno de El Chaltén, en la Patagonia argentina. Los aónikenk conocían la montaña como Chaltén, “montaña que humea”. Foto: Susan Flynn.

Antes del vacío, la Patagonia ya tenía nombres

Mucho antes de los mapas, los Andes eran un paso, no un muro. Los aónikenk, uno de los pueblos tehuelches, recorrían la estepa; los mapuches y gününa küna tejían rutas al norte; los kawésqar y yaganes navegaban los canales; los selk’nam y haush habitaban Tierra del Fuego.

La Cueva de las Manos conserva un arte iniciado hace más de nueve mil años: siluetas, escenas de caza y huellas de una presencia humana que contradicen la idea de una Patagonia vacía.

Europa llegó por mar y también por la ficción. En 1520, Fernando de Magallanes cruzó el estrecho para la Corona española. Antonio Pigafetta, cronista de la expedición, habló de “patagones”, quizá por Patagón, un gigante de novela. Mucho antes de exportar lana o petróleo, la Patagonia exportó asombro.

España intentó fijarla con fuertes. Los asentamientos impulsados por Pedro Sarmiento de Gamboa acabaron en hambruna, y solo Carmen de Patagones, fundada en 1779, consiguió perdurar. Durante siglos, el territorio siguió dependiendo sobre todo de quienes conocían sus rutas, su agua y sus estaciones.

“La Patagonia no empezó con los mapas. Mucho antes de las fronteras, ya tenía nombres, rutas y memoria.”
El macizo del Fitz Roy y uno de sus glaciares colgantes, en el entorno de El Chaltén. Foto: Gonzalo Gimeno.
El macizo del Fitz Roy y uno de sus glaciares colgantes, en el entorno de El Chaltén. Foto: Gonzalo Gimeno.
Un elefante marino del sur descansa en una playa de la Patagonia. La presencia humana y animal comparte desde hace siglos un territorio que nunca estuvo vacío.
Un elefante marino del sur descansa en una playa de la Patagonia. La presencia humana y animal comparte desde hace siglos un territorio que nunca estuvo vacío.

Moreno, el hombre que dibujaba países

Francisco Pascasio Moreno tenía algo de sabio y algo de héroe de aventuras. Nacido en Buenos Aires en 1852, fue explorador, científico, geógrafo y conservacionista. Cruzó lagos, reunió fósiles y fundó el Museo de La Plata. Gracias a su conocimiento de la Patagonia, actuó como perito representando a Argentina durante el largo pleito sobre la delimitación de la frontera con Chile.

El tratado de 1881 establecía que la frontera debía seguir las altas cumbres que dividieran las aguas. En la Patagonia, donde la cadena principal y la divisoria de aguas no siempre coinciden, la regla resultaba muy difícil de aplicar. Moreno defendió el criterio de las cumbres, mientras Chile confió en Hans Steffen, geógrafo alemán que exploró los ríos hacia el Pacífico y sostuvo la divisoria de aguas.

Gomina junto al mar

Lorenzo Soriano llegó a la Patagonia buscando una alternativa a la goma arábiga con la que fabricaba Malvik, un fijador para el cabello. En Bahía Bustamante encontró grandes praderas de Gracilaria, un alga roja de la que se obtiene agar-agar.

El descubrimiento dio origen a una pequeña industria y a un poblado alguero con viviendas, escuela y almacén. Décadas después, aquel asentamiento encontró una nueva vida como Bahía Bustamante Lodge, conservando parte de su arquitectura y de la memoria de aquella actividad.

Bahía Bustamante Lodge.
Bahía Bustamante Lodge ocupa las instalaciones del poblado alguero fundado por Lorenzo Soriano. El conjunto conserva parte de su arquitectura original y permite explorar la costa a caballo.
En la Patagonia, la geografía dejó de ser únicamente ciencia: también decidía dónde terminaba un país y comenzaba otro.

En 1902, el arbitraje británico repartió las zonas discutidas mediante una solución de compromiso. Tres años antes, el teniente Iglesias había bautizado el gran glaciar del lago Argentino como Perito Moreno, en homenaje al explorador.

Más tarde, Moreno donó tierras que contribuirían al nacimiento del sistema de parques nacionales argentino. Su figura, sin embargo, contiene también algunas de las contradicciones de su tiempo.

El Museo de La Plata que dirigió acogió a indígenas capturados durante las campañas militares, entre ellos el lonko Inacayal y varios miembros de su familia. Algunos murieron allí y sus restos permanecieron durante décadas en las colecciones antes de ser restituidos a sus comunidades.

Una de las expediciones de reconocimiento en el lago Traful.
Una de las expediciones de reconocimiento en el lago Traful.
Francisco Pascasio Moreno.
Francisco Pascasio Moreno.

Madsen, una casa bajo el Chaltén

Andreas Madsen nació en Handbjerg, Dinamarca, en 1881 y llegó a Argentina con veinte años. Trabajó como marino para la Comisión de Límites, navegando los lagos Buenos Aires, San Martín y Viedma mientras la frontera entre Argentina y Chile todavía se dibujaba.

Durante una de aquellas campañas pasó cinco meses prácticamente solo junto al lago Viedma. Años después regresó a Dinamarca, se casó con Steffany Thomsen y volvió a la Patagonia. Acabó estableciéndose con su familia junto al río de las Vueltas, al pie del Fitz Roy, donde construyó con sus manos la estancia Cerro Fitz Roy.

“Pensar alto, sentir hondo, hablar claro.”

Su casa de madera y chapa recibió a viajeros y a los primeros alpinistas que se acercaban a la montaña. Hoy es un pequeño museo y en su entrada aún puede leerse la frase: “Pensar alto, sentir hondo, hablar claro”.

En 1948 publicó La Patagonia vieja, un libro de recuerdos sobre las peripecias y los desafíos de la vida de los pioneros del siglo XX.

Curiosamente, El Chaltén no nació hasta 1985, cuando fue creado para afirmar la presencia argentina cerca de una frontera todavía sensible. El Calafate, en cambio, había sido fundado en 1927 como apoyo a las estancias y creció con la llegada del turismo como puerta de los glaciares.

Hoy, hoteles de alto nivel y sofisticados campamentos de domos con agua caliente y calefacción permiten al viajero acercarse a aquella última frontera con mayor comodidad, sin perder del todo la fascinación que cautivó a sus primeros exploradores.

  • Expedición por el territorio patagónico, con el macizo del Fitz Roy al fondo.
  • Familia tehuelche junto a un toldo tradicional en la Patagonia.
  • Un puma abatido, transportado a caballo durante una jornada de caza.
  • Retrato familiar de época del entorno de Andreas Madsen.
  • Expedición por el territorio patagónico, con el macizo del Fitz Roy al fondo.
  • Familia tehuelche junto a un toldo tradicional en la Patagonia.
  • Un puma abatido, transportado a caballo durante una jornada de caza.
  • Retrato familiar de época del entorno de Andreas Madsen.

/node/324Los británicos que no querían ser ingleses

Gaiman nació de un deseo poco probable: vivir en galés a doce mil kilómetros de Gales. En 1865, 153 colonos llegaron a bordo del Mimosa buscando una comunidad a salvo del dominio inglés.

Encontraron un valle seco y sobrevivieron gracias al riego y al intercambio con los tehuelches. Fundaron capillas y escuelas, y llevaron sus festivales de poesía a la Patagonia.

Eran británicos, pero no querían ser ingleses. A su llegada se convirtieron en minoría cultural y, al mismo tiempo, en colonos sobre tierra indígena. Gaiman se entiende nada más entrar en el pueblo, donde uno puede llegar a dudar si está en Argentina o en el mismísimo Gales.

El ferrocarril que desde 1888 comunicó Puerto Madryn con el interior abrió al trigo y la lana una salida hacia el mundo. A raíz de esta economía llegaron bancos, navieras, barcos frigoríficos y capital británico. La oveja convirtió la Patagonia en un negocio mundial.

Pastor en Bahía Bustamante Lodge.
Pastor en Bahía Bustamante Lodge.
Localidad de El Chaltén. Foto: Gonzalo Gimeno.
Localidad de El Chaltén. Foto: Gonzalo Gimeno.

La Patagonia que sigue inventándose

Los vientos del Pacífico descargan lluvia y nieve al chocar con los Andes y alimentan los campos de hielo patagónicos, la mayor extensión de hielo del hemisferio austral fuera de la Antártida. Sus glaciares avanzan, retroceden y remodelan lentamente el territorio. Durante décadas, el Perito Moreno pareció resistirse a esa dinámica, pero estudios recientes confirman que también adelgaza y retrocede.

La transformación llega incluso a los ríos. El salmón chinook, originario del Pacífico norte, fue introducido para la pesca y la acuicultura y hoy remonta cuencas patagónicas donde nunca había existido.

También ha cambiado la forma de mirar este territorio. Darwin vio una tierra desolada; Saint-Exupéry la cruzó por aire; Hudson, Chatwin y Theroux hicieron literatura con su aspereza. Décadas después, aquel confín dio nombre a Patagonia, la empresa fundada por Yvon Chouinard.

Cada época ha encontrado aquí algo distinto. La actual busca senderos largos, noches oscuras, cenas frente al fuego y una forma de viajar más lenta. Se llega con mayor comodidad que nunca, pero el paisaje conserva la capacidad de imponer otra medida del tiempo.

Quizá ahí resida su verdadera distancia. La Patagonia nunca estuvo vacía ni permaneció inmóvil. Bajo cada topónimo, estancia o camino sobreviven pueblos, fronteras, migraciones, industrias y una naturaleza que continúa transformándose.

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